domingo, 18 de enero de 2015







Y todo cuanto yo quería se me calló dentro del alma, ahogándome con sus silencios y mis dudas hasta fragmentarse en lágrimas sobre la almohada. Las hojas del calendario se volvieron afiladas, y mis torpes manos perdieron todo el tacto que aún quedaba, empeñadas en sufrir acariciándolas. Supe por primera vez lo que era el miedo...

 Un segundo apenas después, llegó de una forma indeseada el tiempo de las sirenas y las lágrimas. Supe también lo que duele despedirse de una persona amada.

Ahora que ha pasado mucho tiempo ya puedo sentir de nuevo el balsámico efecto del salitre, que condensa mi respiración, antes pesada y que ahora me abraza, llenándome de calma. El crujido de la arena me recuerda que están aún secas y sedientas mis entrañas, vacías mis manos, ciega mi mirada. Y en este palpitar violento, melancolía y primitiva esencia se aúnan para hacerme sabedor de que estoy  y estaré siempre a su lado, haciendo que la magia fluya directamente de mi sonrisa a sus ojos, acariciando todo cuanto ha sido para mí en el pasado, aceptando que jamás volveré a acariciarla.

martes, 30 de diciembre de 2014

El renacer de Penélope




Un pequeño pájaro inició su canto en los jardines. El pobrecillo parecía desesperado por atraer a alguna hembra a su territorio. Abrió la ventana para observarle. Siempre había envidiado la libertad de los pájaros, su aparente inmunidad a las fronteras, a las limitaciones…

Podía verle, posado en uno de los árboles frutales de la finca, ajeno al mundo; preocupado tan solo en entonar su melodía con la perfección de un maestro. Se trataba de un pequeño petirrojo. Era uno de sus pájaros favoritos y ese en concreto se atrevería a decir que era el mismo que la despertaba mañana tras mañana con su alegre trino. Se había pasado toda la primavera cantando, ilusionado, empujado por su instinto a buscar la compañía de una pareja. Ahora, al final ya de la temporada aún no había perdido la esperanza; y pese a que ya iba con retraso (el resto de sus congéneres ya hacía semanas que habían nidificado y esperaban descendencia) él no cejaba en sus intentos.

Envidió su determinación, y quizás a causa de su semejanza con ella misma se solidarizó con él, animándole desde lo más interno de su corazón a que no desistiese en su firme empeño. No sería justo que tanto esfuerzo se quedase sin recompensa. De improviso su canto se vio interrumpido. Algo había perturbado a la avecilla, que cambió sobresaltado de atalaya, saltando inquieto de rama en rama y observando una silueta que planeaba amenazadora desde las alturas. Penélope siguió con la vista la dirección de la mirada del pequeño pájaro y pudo ver suspendida en el aire la figura de un pequeño halcón que se descolgaba desde lo alto silencioso, amenazador y malintencionado. Sobrevoló los árboles en círculos perfectos, seguramente en busca de alguna presa de mayor porte que ese humilde pajarillo que trataba de ponerse a buen recaudo. Cuando el peligro hubo pasado el valiente pajarillo volvió a henchir el pecho elevando su particular concierto con la bravura de un león. Para él el peligro había pasado y no podía demorarse en reiniciar su recital. Un segundo malgastado era un segundo perdido y las ocasiones no se podían desperdiciar en un mundo tan competitivo.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Otoño. El renacer de la musa.




Mi musa renace en otoño, y se viste de fría niebla para susurrarme al oído promesas y sueños. Parece haberse recuperado de su hastío vacacional y como el espíritu libre y caprichoso que siempre ha demostrado ser, regresa cargada de ímpetu, moviendo mis manos al antojo de su contoneo lascivo.

 Su timidez la aleja de mí en el verano, abochornada y vencida por la canícula estival, pero a ella siempre le ha gustado que la acaricie con palabras, aunque a veces no signifiquen absolutamente nada; y es por ello que siempre regresa, jugando con mis dedos hasta que los versos que condensan sus aleteos provocan mis risas entrecortadas. Al acabar el día descansa en mis brazos y se ofrece vencida cuartilla a cuartilla, aun a sabiendas de que en mi egoísmo intentaré de nuevo hacerla mía para siempre.

Pese a todo lo que encierra de egoísta mi manera de actuar, ella no me guarda resentimiento, y se despierta contenta, haciéndome olvidar la culpabilidad que siempre me provoca haberme sido infiel conmigo mismo.

lunes, 24 de febrero de 2014

El guardián de mis lágrimas

Imagen tomada de Internet--LAVIOLACION, DEGAS, 1868

 
EL GUARDIAN DE MIS LÁGRIMAS



Y así pasó mi infancia, tristemente deseada,

incapaz de detener unas manos que me amaban.

 

Y se fue escondiendo la risa en mi ventana,

en las noches estrelladas miles de mis lágrimas.

Y a las horas más oscuras, acudía,

y la bestia que anida en mi sangre despertaba,

y entrando a la fuerza, como el demonio que era,

encontraba vencidos estos huesos que son cárcel y condena.

Recuerdo la inocencia de mis labios mancillada,

el latido acelerado, el vértigo homicida;

y me confieso indefensa y asustada,

porque con trece años soy cadáver de cadáveres.

 

Tengo fantasmas y demonios tatuados en mis bragas,

mi inocencia ensangrentada a lametazos,

con el miedo durmiendo al lado de mi cama.

¿Por qué no huí, me dicen?

Pues porque aceptas con tristeza tu destino,

porque las cadenas que te atan son de sangre,

y nadie escucha las verdades de una niña

con fantasmas y demonios en sus bragas.

 

A veces me dá por soñar,

y hasta finjo que duermo cuando sueño

porque he aprendido a vivir sin dormir,

y a soñar solamente cuando duermo.

En esos extraños momentos de demencia,

escondida mi vergüenza entre mis lágrimas

es cuando entiendo al fin la lengua de los fantasmas.

Y me confieso de nuevo, aterrorizada,

harta ya de tanto llanto y de violencia,

porque un padre protege. Un diablo hiere.

Un padre ama, y sus manos… sus manos son espadas,

y por mi pecho se escapa mi yo convertido en nada.

Sus labios no entregan ni reciben besos,

solamente saben robar lágrimas.

¿Quieren que confiese? ¡Pues confieso!

No fue hasta mi tercer aborto.

 

Tres veces hicieron falta

para descifrar el lenguaje del demonio,

y es que hasta Dios hizo siempre caso omiso a mis llamadas.

Que les cuente mis recuerdos, dicen…

Mis recuerdos solamente saben huir,

odiando la indefensión de mi obligada desnudez.

                                                                                                 

Que el demonio se apiade de su alma.






(texto presentado a corrección en el Taller Literario de El Cortijo, 25/2/2014)

viernes, 3 de enero de 2014

Bésame...



Bésame, porque para tus labios gozosos será solamente el anticipo de un festín carnal; pero para el resto de ojos que nos observan será el mejor beso que hayan visto jamás. Bésame, y déjate llevar, dejemos a un lado esta maldita educación que nos obliga a ser prudentes. Acércate, y enséñame a vivirte, porque hace años que no sentía esta sed de vivir devorando y siendo devorado.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Fábula de la xana descalza.





Dibujo carboncillo de Chon para "libro viajero" de 1 de Primaria Carmen Ruiz Tilve 2013-2014




A pesar de su aspecto endeble, la vieja mecedora todavía parece capaz de sostener el peso de los mejores recuerdos de la abuela. Su delicada urdimbre aún entrelaza con ternura mis primeras lecciones de vida. Todo está como yo lo recordaba. El tiempo parece haberse detenido para siempre en la pequeña cocina. El pucheru de cobre, la pesada masera de roble, la riestra chorizos en la alcayata, el cestu llenu de astilles de leña…  Y entonces sucede la magia, y vuelvo a recordarla, con sus dos océanos  serenos clavados en mí:

-Las historias que no se cuentan piérdense pa siempre, mi nenu… Así me lo enseñó a mí tu bisabuela, y a ella la tu tarabuela…

-¿La mi tataraqué, abuela?

-La tu bisabuela Balbina. La que siempre dices que asusta un pocu en esa foto del salón. Eren otros tiempos. No tuvimos tiempo a ser guajes, como vosotros. A nosotros nadie nos enseñó a leer, ni a escribir, mi nenu… eres muy pequeñu tovía pa entendélo, pero fueron muches les histories que ya se perdieron. Con el pasu de los años la memoria fállanos a los vieyos. Son coses de la vejez…

-Pero eso a ti no te pasará, güelita. Cuéntamela otra vez. Algún día aprenderé a leer, y a escribir, y los tus recuerdos no se perderán. Seré capaz de escribílos de una manera tan guapa que nadie los olvidará jamás. Cuéntamelu otra vez, por favor…

-Bueno. Tá bien. Siéntate aquí al mi lao y escucha con atención: Cuentan les leyendes más antigües que en la cueva de la Forciella habitaba una bella xana. Muchos vecinos del pueblu aseguraban haberla visto al caer la noche, cubierta de niebla y con los pies descalzos. Tan admirada era la su belleza que hasta los lobos bajaben del monte a espiála en les noches de luna llena . En otoño dedicábase a desvestir a los árboles, cubriendo el bosque de pétalos de luna y alfombrándolu de hojes seques. Pasábase  la noche cantando y silbando, y en el claru del bosque de Les Becerreres  sentábase  a facer con les manos guirnaldes de flores, diademes de vientu y colgantes de plumes multicolores. Con agujes feches de espina de puercu espín y teles de araña texía pañuelos de plata que decíen que secáben les lágrimes y quitaben les penes antes de que salieren.

Muches muyeres del pueblu prohibieren a los sus paisanos salir de casa al anochecer, porque decíen les males lengües que los homes perdíen la razón enlloqueciendo de amor solo con véla. Así ye que a pesar de la su belleza vivía en soledad, porque esa yera la su maldición. Diz la leyenda que hacía muchísimos años ella hubiere sío una bellísima princesa, admirada por la su belleza; pero que su padre el rey la había consentío hasta el extremu de hacéla caprichosa y foína. Trataba con despreciu a tou el personal del palacio, y cuando se hizo mayor de edad  pidiói al padre como regalu de cumpleaños que hiciera llamar al meyor magu del país:

-Conviérteme en la muyer más hermosa del mundo –dijoi ella al magu-. Quiero que tou el mundo se quede asombráu con la mi belleza, y que la mi mocedá no se pierda jamás.

-Sea lo que usted desea, mi futura reina, pero si le concedo ese don vivirá eternamente desgraciada, porque sepa su majestad que su belleza despertará amor en todo lo que la rodea, pero hasta que no sea capaz de amar no sabrá lo que es la felicidad.

-No me importa –contestó enfurruñada.

Los años fueren pasando, y con cada primavera empeoraba el humor de la princesa, hasta el puntu de que no soportaba la presencia de los homes, siempre adulando la su belleza. No había home en el mundu que no soñase con facéla muyer suya, y eso hacíala rabiar, porque a ella no i gustaba ningún paisano, fuese príncipe o labriegu. Aprendió a vivir feliz en la su soledad, y empezó a salir del palacio solo cuando la oscuridad impedía a los homes véla. Cada noche escapaba al monte, y cantábaios a los árboles, y hablábaios en susurros, sin dáse cuenta de que la su maldición afectaba por igual a persones, animales y coses. Pa ella eren simplemente árboles, pero los árboles del bosque empezaron a desear cada anochecer, enamoraos, esperando les visites de la xana. Una tarde de agosto lluviosa quiso la mala suerte que un músicu que iba de pasu por el bosque se refugiase entre les rames de un sauce, entreteniendo la su espera con la melodía de la gaita, y que la armonía del su cantu llamara la atención de la xana. Al acabar el conciertu los sapos de la charca bailaben con les ranes, y la luz de una luciérnaga sorprendió a la xana lanzándoi un besu al artista, ilusionada. Dicen que esi gestu partiói el alma al sauce, que se volvió locu de desamor desbordándosei la savia en largues y denses lágrimes. La xana y el músicu marcharen cogíos de la mano, y nadie los volvió a ver por el bosque. Al tercer amanecer esi sauce secó, muertu de pena, y el restu de árboles del bosque lloraron por él hasta perder les hojes. Ahora a esi árbol llamámoslu sauce llorón, y a ella “la xana descalza”. Gracies a ella existe el otoño, porque al acabar el mes de agosto todos los árboles del bosque se acuerdan de esti cuentu con tristeza. Cuídate de ella, nenu míu, y de les que sean como ella, porque les muyeres que solamente quieren ser guapes por fuera hacen infelices a otros con la su belleza. Búscate una buena moza que sea capaz de amar a otru tantu como a sí misma, y cásate con ella, como hizo tu güelu con tu güela. Y cuando seas capaz de entender esti cuentu estarás preparáu pa que te hable de cómo llegó la primavera.

sábado, 8 de junio de 2013

Prólogo.




Fuente: Info Animal




Abuela…
Estoy sentado en el portal, como tanto hacíamos tu y yo antaño…  No sé si es mayo que se ha ido o soy yo el que no sabe volver; pero el caso es que siento que se escapa entre mis dedos todo cuanto era y he sido; y en la espera del recuerdo algo de mí y de ti se ha perdido. No sé ya reconocer la primavera si no es contigo, y el arco iris tan brillante de tus ojos, ahora dormidos, se estrella contra el olvido llenando manos y dientes de un musgo grasiento.

 Estoy desorientado sin ti; esa es la verdad... En ocasiones me despierto sudando, con tu recuerdo siempre moliéndome fuerte los huesos hasta dejarlos reducidos a un polvoriento cerco en la oscura estantería. Entonces me sonríes, rodeada en tu atalaya por otros recuerdos con rumor a hojas pasadas; siempre con la silueta del atardecer perfilándose contra tu foto. Y como cuando era pequeño, de nuevo lo consigues... haces que tu sombra me engulla llenándome de calma.

 Tanto y tan a menudo te siento que hasta las gaviotas escupen gotas de pesada lluvia agrandando un océano que ya me ahoga, harto de bracear contra tu imperecedero silencio.
Y entonces, cuando lo creo todo ya perdido, recuerdo tu mirada, y tus consejos; y dejo de tener miedo. Me asomo a la ventana, y asisto perplejo al hipnótico cortejo de las libélulas en celo. Se abrazan en el aire, acariciándose con delicadeza en pleno vuelo. Es de tal magnitud la perfección de sus acrobacias que me quedo en silencio observándolas hasta que toda mi oscuridad se desvanece.


domingo, 5 de mayo de 2013

¿Qué se le regala a la persona que te ha dado la vida?






He de admitir que hoy estoy un poco confuso. Son las vísperas del Día de la Madre y tengo la mente en blanco. ¿Qué le puedo regalar a la persona que lo ha dado todo por mí? ¿Qué podría darle a esa persona que ella necesite? Podría empezar por los abrazos perdidos en la distancia, con los besos que no le he dado por la falta de tiempo. Podría...; pero es imposible. Las cosas o se hacen en su momento o no se hacen. Podría comprarle algo material, algo que ella necesite; algo que la alivie en las tareas diarias del hogar; pero eso podría haberlo hecho cualquier otro día. No tiene por qué ser mañana precisamente...
¿Qué hace distinto el día de mañana a cualquier otro día? Para mí y para ella todos y cada uno de los días de nuestra vida han sido el día del padre, el de la madre o el del hijo. Que se lo digan a ella, cansada de cambiar pañales de tres en tres, tratando de alimentarnos, educándonos; cuidándonos de la mejor manera que siempre ha podido... A ella que ha sacrificado su juventud a cambio de la nuestra...
Que se lo digan a cualquiera de las mujeres obligadas a enterrar su dolor contra natura. Que se lo pregunten una por una, todas las madres del mundo te dirán que cambiarían gustosamente todo cuanto tienen a cambio de ver crecer a sus hijos sanos y fuertes. No; definitivamente... Nada hace especial al día de mañana excepto el hecho de que por una vez al año nos permitimos el lujo de recordarnos a nosotros mismos de dónde venimos. Para mi madre y todas las madres del mundo mi humilde y particular tributo. GRACIAS.


  
El ultimo regalo que me ha hecho mi hijo ha sido esta pequeña flor. Nunca creí que se pudiera dar tanto con tan poco... Felicidades a todas las Mamás. En la grandeza de estos pequeños detalles está el verdadero sentido de la vida.                                                                                                                                    

domingo, 7 de abril de 2013

Al amor de los quince años.






Te deseo suerte, porque el primer amor es irracional;  porque te verás obligada a comprobar que el amor es tan contradictorio que te empuja a  perderlo  todo al entregarte sin tan siquiera esperar nada a cambio.  Que es  un poco como perderse a sí mismo. 
 Que es despertar sueños dormidos y darles pequeñas pistas para que sepan encontrarte; es dejar pasar el tiempo sin apenas atreverse a mirar el calendario.
 Es fingir que las imperfecciones hacen tu mundo perfecto; reflejar tu propia vida en el espejo de una pupila tan ilusionada como la tuya.
 Es a la vez tan todo y tan nada que es tan cruel como para darte la vida para luego arrebatártela, borrando tu sonrisa de un plumazo y dejando cicatrices en tu rostro para siempre. Eso y mucho más es el amor, capaz de elevarte a la gloria y engullirte con tus propios miedos en menos de un segundo, es el vértigo de saber que si él deja de estar a tu lado para apoyarte y conducirte perderás  para siempre el equilibrio, tan pendiente  tu salud mental de su presencia  que un simple pestañeo te conduciría  a la derrota.

Es algo tan sumamente complejo que yo jamás me atrevería a aconsejarte; pero me veo obligado a decirte que al poner tu felicidad en manos de otro corres el peligro de perderla para siempre, y a los quince años todos hemos estado enamorados. Es algo recurrente e inevitable. Te deseo suerte. Solamente eso…

martes, 12 de febrero de 2013










AUSENCIA

 

Dicen que morir es descansar; para mí eso no es cierto,

el descanso se murió cuando mataste el amor nuestro.

Mis manos son testigo de tu ausencia,

esclavas de sí mismas; mudas, sin sustento…

Están secas y marchitas, la distancia es miedo, también silencio.

Saben desde entonces las mañanas a niebla y soledad,

porque la sal reseca mis labios, porque me hiela la oscuridad.

Jamás podrá abrirse fresca y tierna mi alma a otro hombre,

y es por eso que ahora, despidiendo al triste sol que ya se esconde

digo adiós por siempre a tu figura que se aleja. Es  tan honda esta tristeza

que vuelve mi condena ajena al calendario. No puedo ocultar mi pena

porque sé que tu recuerdo pesará en la distancia, es la amarga certeza

de saber que de ti jamás dejaré de estar hambrienta.

Viviré eternamente presa del silencio, para siempre esclavizada,

haciendo frente en solitario a este amor que ya se apaga.

Tú le has dado muerte, pero no puedo considerarte un asesino

porque eres y has sido el único amor de mi vida,

mi ansiada y fiel guarida, mi único recurso, mi única salida…

Debo ser fuerte, y asumir que guardarte en mi memoria

jamás será consuelo; porque recordar esa antigua gloria

es asumir que el amor no tiene dueño. Otra acaricia  tu mirada.

 

 

 

 




lunes, 14 de enero de 2013

El ladrón de almas







Hoy  he salido a cazar almas. Comenzó siendo una especie de pasatiempo para mí; pero con el paso de los siglos acabó convirtiéndose en una trágica necesidad; y es que cuando la única manera de sobrevivir es amar entre alaridos nadie podría ser un amante mas experimentado que yo. Bebo de tu vida, y la noche oscura me alimenta. El gozo incomparable de sentir mi vacío mezclándose con tu sangre convierte mis orgías en verdaderos festines, sorprendiéndome cada amanecer bailando al compás de tus latidos, con mis arterias colapsadas elevando hacia el infierno su satánico ronquido. Eres mía; y yo soy tu dueño. Me apropio de tu alma noche tras noche mientras tú me observas adormecida y sin sorpresa, suplicando que un nuevo delirio tenga comienzo.
Todo comienza sutilmente, con mi dedo acariciando tu vestido a la altura de tu vientre, con tu respiración entrecortada suplicando sin palabras que descienda con mi lengua lentamente hasta lamerte el ombligo, rasgando tu vestido como si nada ya importase aparte de ti y de mí; y esta noche que promete sexo y desenfreno.
 En tu placer reside acomodado todo mi poder, y se despereza al presentir la llegada de una oleada de lúbrico calor. Todo nuestro mundo se estremece mientras en lo más profundo de mi interior algo crece convirtiendo tu cuerpo en mi posada. Ambos hemos perdido la conciencia, y nos dejamos llevar por el delirante vaivén de unos cuerpos que han perdido por completo el dominio sobre sí mismos, empeñados en chupar, morder, besar…
 Yo no tengo vida si no es a través de ti; y eso hace que tú, lejos de sentirte mi esclava te muestres insumisa e insaciable, sedientamente hambrienta de cada una de mis vigorosas embestidas. Latido a latido el sudor irá apagando el encendido fuego en el que flotan en caótico desorden manos y piernas en posiciones antinaturales; y la furia de un nuevo amanecer luchará contra el encubridor vaho, ansioso de ser testigo de una de nuestras escapadas a este delirante abismo del sexo consentido y sin sentido. 
La luz de un nuevo día arrancará de mis pezones brillos de apagada condescendencia, y los anillos que hasta entonces sostenían la ingravidez de mi letargo volverán a empujar mi cuerpo hacia la tierra. Tierra llena de cagadas de palomas y de bestias. Tierra sin consagrar, sucia, llena de inmundicias.
 Cerrando la puerta sellaré con mi saliva un nuevo pacto de silencio. Su marido está a punto de llegar.


jueves, 13 de diciembre de 2012

La llegada del otoño















Llega el otoño; y con él la tristeza. La efímera caducidad de la vida dice adiós y se aleja mirando con tristeza las pisadas que marcan su regreso. Es el otoño, que todo lo invade con su manto de torpe niebla. Llega el gélido viento norteño, con su carga de melancolía y sus ecos de canciones pasadas y fiestas alegres. Las hojas se mueren, y pese a su torpe empeño son arrancadas sin miramientos por este crepúspulo salvaje de noviembre, con su desértica  tormenta tan cargada de sed que te empuja a la soledad de una botella, precipitando su vacío a través de tu tráquea.

Llega el otoño, y resignado me siento en cuclillas, cruzando con el diablo una partida en la que heces, vómitos y sangre se intercambian por segundos y minutos. Siento que las cartas están marcadas; pero me dejo hacer, porque estoy harto ya de pelear con esa pequeña vasija sin manillas por las que ser izada, ésa que cruentamente  deja tus fragmentos adheridos a los bordes afilados de esa taza, diseccionando tus pulgares al intentar acariciarla.
Es el otoño; y en este atardecer sombrío los que aun no han muerto ansían con desprecio ese reposo, porque se han cansado de vivir sintiéndose vacíos. Extienden sus manos suplicantes hacia ese túnel manso que se ofrece ante ellos prometedor y oscuro, palpitante, maquillando con cenizas la gloria efímera de unos campos sedientos. Es el oscuro romanticismo de las esquelas, la retirada discreta entre las lágrimas de quienes jamás admitirían que te quieren como te quieren. ¿Podré yo apartar la mirada ahora que siento lo confuso de su torpe llamada?
 Si tan solo pudieras contestarme, negra noche...
 ¿Quedará aún algo de mí en tí o todo te lo habrás llevado?
 

viernes, 23 de noviembre de 2012

Silencio









Hace meses que no oigo lo que dices.

Es la noche, y su silencio, el que agarrota mis sentidos.

Toco mis pies y están fríos,

han perdido por completo sus raíces.

Desdibujado y triste pasa el día,y

como un perro que se lame sus heridas
lamo con mi lengua suplicante tu recuerdo

sin importarme estar cargado ya de cicatrices.

¡Todo lo que yo tenía y ya no tengo!

Con sigilo pasa mi vida, como un enorme cocodrilo

que acecha  a la víctima desde su escondite sumergido.

En contadas ocasiones la nostalgia

enciende de nuevo mis manos. Esa magia

me aferra a tu recuerdo como un recién nacido a un marchito pecho.

Ese recuerdo teje mantas que me arropan,

porque mi conciencia  es huérfana de carne,

y no habrá nada que jamás posea que no tema perder.

Es algo irremediable; ya no hay fuego en mi mirada,

y es que la vida ha entrado calando  a bayoneta en mi remanso

negándome el  derecho a mi descanso de tanto que me aprieta.

Me quedo debilitado como una espiga,

como el cadáver de un mosquito tirado en la cuneta,

incapaz de emitir sonido, falto de sustento.

Entonces apareces tú de nuevo, y todo cambia,

porque me aportas fortaleza, eres mi alimento.

Toda esa debilidad se va vacía, tal cual vino. Vuelvo a estar hambriento.

La seguridad de mi ventana.






 
 
 

Desde mi tejado me siento seguro, a salvo de miradas; porque pese a estar desmorronado y con los aleros carcomidos no permite que le puedan las goteras. Tiene varias tejas canosas, víctimas del tiempo (o acaso fruto del alivio de palomas); pero aunque parezca envejecido se muestra orgullosamente erguido. Yo aún le creo digno de toda confianza.

Mi tejado ya no tiene antenas, ni cables que le empujen hacia el suelo, porque ha dejado ya de estar enfermo. Me ofrece consuelo, protección y todo eso.

Mi tejado se construye a sí mismo a diario, se regenera solo; vive ajeno al paso del tiempo.

Hoy el rocío le baña de nuevo. Parece que esté llorando. Puedo ver mi rostro en su reflejo.

Mi tejado apunta al cielo, es una antena receptora. Es todo mi universo. Es mi refugio, mi atalaya. Cuando la oscuridad me atemoriza ahí es adonde siempre vuelvo.

En mi tejado se han criado mis polluelos. Aquí tengo mi nido, mi despensa, mi casa, mi alimento...
No, no tiene barrotes, porque no los necesita. Es una suma de cuadrados infinita; y aunque a veces parezca una cárcel sin principio ni salida no es húmeda, ni da miedo... ni siquiera es fría.

Mi tejado es el refugio de mi corazón vagabundo, cansado de caminar sin rumbo. Es el sitio donde nace renovada mi mirada.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El duende




Ella le llamaba "el duende", y él la miraba con los ojos como platos, sin poder entender nada de nada.
"Mi pequeño duende..."-decía. Y te juro que cuando lo pronunciaba con ese infinito cariño el alma se me escapaba desbocada.
"Su pequeño duende..."-decía, con las pupilas agrandadas... Y yo creo que él algo entendía; porque los niños saben descifrar desde bien temprano el extraño alfabeto de las miradas.
Ella guardaba tanto amor en sus pupilas que cuando te miraba todo tu mundo se llenaba de melodías de violines y aroma a flores frescas. Te llevaba a su terreno, y sin tan siquiera pretenderlo te dejaba embobado y a merced de sus relatos, sus canciones y sus fábulas.
Pero llegó la niebla, y la luz de la vida se quedó apagada. El  pequeño duende tuvo que aprender a olvidarla...
  Todos creíamos que por aquel entonces su duende era demasiado pequeño para extrañarla; pero cuando las personas se ván siempre dejan su recuerdo; y la grandeza de los niños es que eligen libremente y sin coacciones lo que desean recordar. Ella se fué, pero dejó su legado, y con el paso de los años "su pequeño duende" adoptó su nombre para su abuela materna. De ese modo mi suegra Mª Mar pasó a llamarse "Anna"; sonido gutural y convertido a fuerza de cariño en sinónimo de Ana María. Supongo que él simplemente se negó a olvidarla, con la sabiduría inocente que solamente se tiene en la infancia.
Hay momentos en los que creo que Ella lo sabe, y que continúa a nuestro lado; porque cuando la recuerdo siento una especie de calor recorriéndome el pecho, y siento como se escapan huyendo como palomas desbocadas todas mis preocupaciones; y si me concentro lo suficiente puedo sentir sus pequeñas manos acariciándome como hacía cuando yo también tenía solamente cinco años. Entonces es cuando me abandono a su grandeza, y puedo ser capaz de recordar momentos, olores y sabores concretos de mi vida que yo ya creía olvidados. Es extraño, pero vuelvo a sentirme niño. En esos momentos es cuando más fuertemente abrazo a "su pequeño duende". Por ella y por mí.

domingo, 14 de octubre de 2012

Esclava de sus silencios








Entraste de nuevo en mi cama haciendo extraños aspavientos con las manos. Sin darte cuenta apenas espantaste el deseo, y un millón de moscas azuladas revolotearon  despavoridas creando hipnóticos murales de reflejos azulados. Tu no lo sabías, y yo no quería saberlo, pero te estrellaste de cabeza contra la dura realidad de una puerta cerrada a cal y canto. La vida para ti y para mí había pasado a ser en blanco y negro, y sus confusos fotogramas bailaban ante nosotros como sombras chinescas, amarrando tu cordura en el espejo.

Cuando dejaron de batir sus alas esas legiones de insectos solamente se escuchaban los negros latidos de este oscuro océano que te arrastra irremisiblemente al fondo de un vaso. Nada pudiste hacer, estando como estabas ya con las manos atadas a la espalda. Sería cruel hacerte cargar con el saco repleto de dudas que quebraba mi espalda, así que yo me fui; y me llevé conmigo la última de mis sonrisas, que se extinguió como cada vez que me asomaba al espejo de tus silencios, como cada vez que me fijaba en la mirada desdeñosa que tu retrato deslizaba sobre mi cama.

Recuerdo cuando aún desayunaba con la esperanza que despierta en tus sentidos el colorido de las notas pegadas con imanes en la nevera. Las gimkanas que nos conducían indefectiblemente a nuestro dormitorio, y a la siesta placentera del que ha quedado satisfecho. Recuerdo la electricidad que se creaba cuando estaba a punto de estallar la tormenta. Era como un vacío que lo engullía todo y luego te lo arrojaba a la cara en medio de una ensordecedora deflagración. Era como la bonanza que precede el estallido de la tormenta más imperfecta que conozco, aquella en la que cada uno saca lo peor de sí tratando de hacer sangre en una herida por la que se desangra el poco amor que aún nos queda. Recuerdo la mirada arrepentida que precede una tregua cargada de promesas vacías y pañuelos sucios; de bombones caducados y flores robadas en el cementerio de la esquina. Puedo reconocer entonces el reflejo consumido de lo poco que aún nos queda el uno del otro, consumiéndose inútilmente como la ceniza de un cigarro entre los dedos de un borracho.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Cauterizando mis heridas con acuerdos judiciales.





En la mugre de las uñas habitan mil soledades. He tratado inútilmente de matarlas a dentelladas; pero solamente cuando he llegado al mismo hueso he podido comprobar que sobreviven a partes iguales de dolor y mierda entremezcladas. Escupo trozos de uña tratando de imaginarme que en cada trozo de ellas escapa impregnada aunque sea mínimamente una porción de piel. Estoy cansada de cargar con el peso de tanta piel inútil; tan cansada que a veces no puedo ni tan siquiera apartar con mis cansadas manos las telarañas que se empeñan en cerrarme el paso.
A la orilla de este mar que siempre nos llenaba veo con tristeza que de nuestro amor poco a poco ya no vá quedando nada. Cada embate de las olas parece empeñado en arañarme las pupilas con el recuerdo de un amor tan desgarrado por nuestras batallas que siempre me obliga a volver la vista atrás con miedo a las espaldas, consciente de que en la siguiente explosión ya no quedará nada por lo que luchar. Un amor de sálvese quien pueda y cuerpo a tierra, en el que consumimos todo cuanto teníamos sin importarnos para nada las consecuencias. Un amor de mutaciones extrañas, en el que todo cambiaba continuamente en función de sus propias necesidades, alimentado con  el egoísmo de quien solamente se quiere a sí mismo.
Y hénos aquí; nosotros que nos creíamos incombustibles; condenados a entendernos por sentencia judicial, ahogado en el silencio de las frases a destiempo el poco sentido común que aún nos quedaba. Sentido y sentimiento se quedaron mutilados a la par, injustos perdedores de una batalla en la que ambos habríamos de salir perdiendo. Aún retumba en mis oídos el desgarrador lamento de todos los años sepultados bajo la condena de una castración aceptada como norma de convivencia.
Decía una persona muy importante en mi vida que "solo una vez se ama en mayúsculas; si tienes la fortuna de encontrar a tu amor perfecto a la primera serás afortunada; porque si fracasas en ese primer intento no volverás a dejar espacio suficiente en tu corazón para otro amor en mayúsculas. Habrás perdido para siempre la capacidad de amar." Lo jodido del caso es que yo no sé si he amado en mayúsculas o minúsculas. Cuando se ama no se hacen distinciones. Se ama como te dejan y puedes, simplemente.
En mi interior toda mi sangre se rebela ante la injusticia de tener que renunciar a lo que me pertenece por derecho propio, abandonando todo cuanto tiene sentido en mi vida. Siento la cuenca de mis ojos violada hasta las raíces. Agachada a mi lado espera mi vida su crucial momento, con el pelo recogido y la cara lavada. He malvendido mi vida por cuatro míseros besos y un te quiero que ya no me saben a nada de tan gastados que los siento. He perecido en busca de la caléndula perfecta, la que hacía latir acelerado mi pecho, la que hacía lucir mi huerto. En su lugar solo quedan cenizas, y un calcinado terreno. El terreno en el que sobrevive tu recuerdo.