En la mugre de las uñas habitan mil
soledades. He tratado inútilmente de matarlas a dentelladas; pero solamente
cuando he llegado al mismo hueso he podido comprobar que sobreviven a partes
iguales de dolor y mierda entremezcladas. Escupo trozos de uña tratando de
imaginarme que en cada trozo de ellas escapa impregnada aunque sea mínimamente
una porción de piel. Estoy cansada de cargar con el peso de tanta piel inútil;
tan cansada que a veces no puedo ni tan siquiera apartar con mis cansadas manos
las telarañas que se empeñan en cerrarme el paso.
Y hénos aquí; nosotros que nos creíamos incombustibles; condenados a entendernos por
sentencia judicial, ahogado en el silencio de las frases a destiempo el poco
sentido común que aún nos quedaba. Sentido y sentimiento se quedaron mutilados
a la par, injustos perdedores de una batalla en la que ambos habríamos de salir
perdiendo. Aún retumba en mis oídos el desgarrador lamento de todos los años sepultados bajo la condena
de una castración aceptada como norma de convivencia.
Decía una persona muy importante en mi vida que "solo una vez se ama en mayúsculas; si
tienes la fortuna de encontrar a tu amor perfecto a la primera serás
afortunada; porque si fracasas en ese primer intento no volverás a dejar
espacio suficiente en tu corazón para otro amor en mayúsculas. Habrás perdido
para siempre la capacidad de amar." Lo jodido del caso es que yo no sé si he amado en mayúsculas o minúsculas. Cuando se ama no se hacen distinciones. Se ama como te dejan y puedes, simplemente.
En mi
interior toda mi sangre se rebela ante la injusticia de tener que renunciar a
lo que me pertenece por derecho propio, abandonando todo cuanto tiene sentido
en mi vida. Siento la cuenca de mis ojos violada hasta las raíces. Agachada a mi lado espera mi vida su
crucial momento, con el pelo recogido y la cara lavada. He malvendido mi vida
por cuatro míseros besos y un te quiero que ya no me saben a nada de tan
gastados que los siento. He perecido en busca de la caléndula perfecta, la que
hacía latir acelerado mi pecho, la que hacía lucir mi huerto. En su lugar solo quedan cenizas, y un calcinado terreno. El terreno en el que sobrevive tu recuerdo.
hola Balagar,
ResponderEliminares un texto muy triste. Cuando el corazón está destrozado solamente queda espacio para escribir asi tan triste y desolado.
ánimo! que todo cambiará con el tiempo!
un abrazo
Lo sé, Rebecca; pero una de las personas que más quiero en esta vida me lo ha susurrado al oído, y no me ha quedado otro remedio que compartirlo. Grátila está pasando por momentos de verdadera soledad; y desde aquí solamente puedo compadecerme y enviarle un enorme beso. Espero que encuentre el Amor con mayúsculas; porque se lo merece.
ResponderEliminarEl amor con mayúsculas...
ResponderEliminarEs triste, sí. Tan triste como tener que entenderse por sentencia judicial.
Tus textos me estremecen.
Besos.
Gracias, Nuria. La verdad es que provoca una enorme tristeza asistir al sepelio de un amor que se creía indestructible; pero por desgracia existen hombres capaces de olvidar por completo el alfabeto; y confunden mayúsculas y minúsculas, y caracteres cirílicos, latinos y africanos... En casos semejantes la única manera civilizada de entenderse es mediante sentencia judicial.
ResponderEliminarUn abrazo enorme.