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domingo, 25 de noviembre de 2012
martes, 19 de junio de 2012
A la lluz de la mio vida. En homenaje a Nuberu y a los que ya no están.
En recuerdo a la luz de mi vida:
A sus manos firmes, callosas y
calladas. Al fulgor de su mirada, al óvalo perfecto de sus labios sobre mi
mejilla. A sus despertares cargados de tortos y paciencia, a la leche recién
ordeñada y engullida sin tiempo para hervir. A las tardes en las que
aprovechábamos la siesta de mi abuelo para escaparnos al río con nuestras varas
de avellano y nuestros alfileres torcidos en busca de pescardos. A la dureza de
sus primeras lágrimas. Al ardor desesperado de mis últimas lágrimas sin tiempo
apenas para despedirla. A su fuerza incomparable, a su mirada; a todo el amor que
me dio y que sin duda se le quedó en el alma sin tiempo para darme. A sus
respetuosos silencios, a sus caricias inesperadas. Al orgullo que emanaba de
sus ojos cuando me miraba. A sus consejos, a sus fábulas, aunque ahora sepa que
a veces eran inventadas. Al respeto con el que siempre pronuncio su nombre;
porque nunca podré olvidarla.
A sus canas, a su enjuto cuerpo que todo
lo llenaba. A tu recuerdo, abuela; porque las estrellas del cielo han ganado
con tu marcha...
A tu recuerdo, abuela; porque mis recuerdos están cargados de
leña chisporroteando entre fuentes de arroz con leche e historias que siempre
me atrapaban; a la chapa de una cocina de carbón tan dilatada como las pupilas
con las que yo siempre te escuchaba.
Al olor de la yegua y de las vacas,
de la hierba recién cortada. Al hara kiri de mis poros sedientos al bajar de la
tenada. A los pájaros que por desgracia yo maté cuando la vida para mi aun no
significaba nada.
Porque Dios te llamó a su lado de una
manera discreta y callada, tan discreta y callada como tu quisiste ser siempre;
aunque con tu grandeza habitual sin quererlo todo lo llenabas.
sábado, 19 de mayo de 2012
Un nuevo despertar ilusionado.
Hoy me has sorprendido observándote de nuevo, y has sonreido relajada. Has descubierto a mi alma asomándose al bruñido y torpe
lienzo de tu despertar inquieto, desperezándonos en silencio mientras los ojos
se hablan con violencia; salvando la distancia cautelosa entre mi sempiterna
prudencia y la generosidad de tu cuerpo siempre hambriento. Es un nuevo
amanecer, y con él un nuevo reto. Generosa y aún somnolienta has posado con delicadeza en mi
mejilla un madrugador beso. Me has pillado por sorpresa. No diré jamás que tus caricias son fingidas, porque
siempre han sido tan tuyas como mías, pero no me esperaba un despertar tan generoso.
Cercando el oscuro círculo de fuego
de tus ojos perezosos envolveré mis recuerdos de cenizas, venciendo una vez más
este cruento despertar en el que cada uno de nuestros cansados huesos amenazan
romperse entre gemidos satisfechos. Asaltaré la soledad de tu pelvis hirviente
con los fugaces reflejos de la luna empañando tus pestañas de un aura luminosa
y favorecedora, y desnudos proclamaremos a los cuatro vientos que hemos dado
vida de nuevo a un amor que ambos creíamos dormido, y ese amor inclemente y
posesivo se quedará desprotegido, y el que antaño fuera errático y vagabundo se
volverá comprensivo y tierno; porque por primera vez en su vida será libre; y
al no tener dueño perderá el miedo a amar y ser amado, fundiendo tu reflejo y
el mío en un mismo claro y brillante espejo, prescindiendo de toda palabra innecesaria
en cada amanecer, porque las caricias que se dan con los ojos son las que
verdaderamente importan, porque salen directamente del alma.
viernes, 20 de abril de 2012
A mis seres queridos
Puede parecerte triste el sol en el ocaso, pero al menos él ya ha terminado su jornada. Puede al fin retirarse a descansar. En su lugar deja el hueco siempre vacío de su ausencia; el recuerdo de su calor, de la luz que hasta ese momento ha reconfortado a tus ojos. En el ocaso de las personas sucede lo mismo. Es algo que sabes de antemano que tarde o temprano ha de ocurrir, aceptando su partida como algo inevitable; pero no puedes hacer otra cosa que aferrarte cada segundo que pasa con mayor desesperación a su luz y su calor como una planta hambrienta; a sabiendas de que su ausencia te dejará sumido en la más completa oscuridad. Nunca estaré preparado para la ausencia de mis seres queridos...
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