miércoles, 31 de diciembre de 2014
martes, 30 de diciembre de 2014
El renacer de Penélope
Un
pequeño pájaro inició su canto en los jardines. El pobrecillo parecía
desesperado por atraer a alguna hembra a su territorio. Abrió la ventana para
observarle. Siempre había envidiado la libertad de los pájaros, su aparente
inmunidad a las fronteras, a las limitaciones…
Podía
verle, posado en uno de los árboles frutales de la finca, ajeno al mundo;
preocupado tan solo en entonar su melodía con la perfección de un maestro. Se
trataba de un pequeño petirrojo. Era uno de sus pájaros favoritos y ese en
concreto se atrevería a decir que era el mismo que la despertaba mañana tras
mañana con su alegre trino. Se había pasado toda la primavera cantando,
ilusionado, empujado por su instinto a buscar la compañía de una pareja. Ahora,
al final ya de la temporada aún no había perdido la esperanza; y pese a que ya
iba con retraso (el resto de sus congéneres ya hacía semanas que habían
nidificado y esperaban descendencia) él no cejaba en sus intentos.
Envidió
su determinación, y quizás a causa de su semejanza con ella misma se solidarizó
con él, animándole desde lo más interno de su corazón a que no desistiese en su
firme empeño. No sería justo que tanto esfuerzo se quedase sin recompensa. De
improviso su canto se vio interrumpido. Algo había perturbado a la avecilla,
que cambió sobresaltado de atalaya, saltando inquieto de rama en rama y
observando una silueta que planeaba amenazadora desde las alturas. Penélope
siguió con la vista la dirección de la mirada del pequeño pájaro y pudo ver
suspendida en el aire la figura de un pequeño halcón que se descolgaba desde lo
alto silencioso, amenazador y malintencionado. Sobrevoló los árboles en
círculos perfectos, seguramente en busca de alguna presa de mayor porte que ese
humilde pajarillo que trataba de ponerse a buen recaudo. Cuando el peligro hubo
pasado el valiente pajarillo volvió a henchir el pecho elevando su particular
concierto con la bravura de un león. Para él el peligro había pasado y no podía
demorarse en reiniciar su recital. Un segundo malgastado era un segundo perdido
y las ocasiones no se podían desperdiciar en un mundo tan competitivo.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Otoño. El renacer de la musa.
Mi musa renace en otoño, y se viste de
fría niebla para susurrarme al oído promesas y sueños. Parece haberse recuperado
de su hastío vacacional y como el espíritu libre y caprichoso que siempre ha
demostrado ser, regresa cargada de ímpetu, moviendo mis manos al antojo de su
contoneo lascivo.
Su timidez la aleja de mí en el verano,
abochornada y vencida por la canícula estival, pero a ella siempre le ha
gustado que la acaricie con palabras, aunque a veces no signifiquen
absolutamente nada; y es por ello que siempre regresa, jugando con mis dedos hasta
que los versos que condensan sus aleteos provocan mis risas entrecortadas. Al
acabar el día descansa en mis brazos y se ofrece vencida cuartilla a cuartilla,
aun a sabiendas de que en mi egoísmo intentaré de nuevo hacerla mía para
siempre.
Pese a todo lo que encierra de
egoísta mi manera de actuar, ella no me guarda resentimiento, y se despierta
contenta, haciéndome olvidar la culpabilidad que siempre me provoca haberme
sido infiel conmigo mismo.
lunes, 24 de febrero de 2014
El guardián de mis lágrimas
![]() |
| Imagen tomada de Internet--LAVIOLACION, DEGAS, 1868 |
Y así pasó mi infancia, tristemente deseada,
incapaz de detener unas manos que me amaban.
Y se fue escondiendo la risa en mi ventana,
en las noches estrelladas miles de mis lágrimas.
Y a las horas más oscuras, acudía,
y la bestia que anida en mi sangre despertaba,
y entrando a la fuerza, como el demonio que era,
encontraba vencidos estos huesos que son cárcel y condena.
Recuerdo la inocencia de mis labios mancillada,
el latido acelerado, el vértigo homicida;
y me confieso indefensa y asustada,
porque con trece años soy cadáver de cadáveres.
Tengo fantasmas y demonios tatuados en mis bragas,
mi inocencia ensangrentada a lametazos,
con el miedo durmiendo al lado de mi cama.
¿Por qué no huí, me dicen?
Pues porque aceptas con tristeza tu destino,
porque las cadenas que te atan son de sangre,
y nadie escucha las verdades de una niña
con fantasmas y demonios en sus bragas.
A veces me dá por soñar,
y hasta finjo que duermo cuando sueño
porque he aprendido a vivir sin dormir,
y a soñar solamente cuando duermo.
En esos extraños momentos de demencia,
escondida mi vergüenza entre mis lágrimas
es cuando entiendo al fin la lengua de los fantasmas.
Y me confieso de nuevo, aterrorizada,
harta ya de tanto llanto y de violencia,
porque un padre protege. Un diablo hiere.
Un padre ama, y sus manos… sus manos son espadas,
y por mi pecho se escapa mi yo convertido en nada.
Sus labios no entregan ni reciben besos,
solamente saben robar lágrimas.
¿Quieren que confiese? ¡Pues confieso!
No fue hasta mi tercer aborto.
Tres veces hicieron falta
para descifrar el lenguaje del demonio,
y es que hasta Dios hizo siempre caso omiso a mis llamadas.
Que les cuente mis recuerdos, dicen…
Mis recuerdos solamente saben huir,
odiando la indefensión de mi obligada desnudez.
Que el demonio se apiade de su alma.
(texto presentado a corrección en el Taller Literario de El Cortijo, 25/2/2014)
viernes, 3 de enero de 2014
Bésame...
Bésame, porque para tus labios gozosos será solamente el anticipo de un festín carnal; pero para el resto de ojos que nos observan será el mejor beso que hayan visto jamás. Bésame, y déjate llevar, dejemos a un lado esta maldita educación que nos obliga a ser prudentes. Acércate, y enséñame a vivirte, porque hace años que no sentía esta sed de vivir devorando y siendo devorado.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Fábula de la xana descalza.
![]() |
| Dibujo carboncillo de Chon para "libro viajero" de 1 de Primaria Carmen Ruiz Tilve 2013-2014 |
A pesar de su aspecto endeble, la vieja mecedora todavía
parece capaz de sostener el peso de los mejores recuerdos de la abuela. Su
delicada urdimbre aún entrelaza con ternura mis primeras lecciones de vida.
Todo está como yo lo recordaba. El tiempo parece haberse detenido para siempre
en la pequeña cocina. El pucheru de cobre, la pesada masera de roble, la
riestra chorizos en la alcayata, el cestu llenu de astilles de leña… Y entonces sucede la magia, y vuelvo a
recordarla, con sus dos océanos serenos
clavados en mí:
-Las historias que no se cuentan piérdense pa siempre, mi
nenu… Así me lo enseñó a mí tu bisabuela, y a ella la tu tarabuela…
-¿La mi tataraqué, abuela?
-La tu bisabuela Balbina. La que siempre dices que asusta
un pocu en esa foto del salón. Eren otros tiempos. No tuvimos tiempo a ser
guajes, como vosotros. A nosotros nadie nos enseñó a leer, ni a escribir, mi
nenu… eres muy pequeñu tovía pa entendélo, pero fueron muches les histories que
ya se perdieron. Con el pasu de los años la memoria fállanos a los vieyos. Son
coses de la vejez…
-Pero eso a ti no te pasará, güelita. Cuéntamela otra vez.
Algún día aprenderé a leer, y a escribir, y los tus recuerdos no se perderán.
Seré capaz de escribílos de una manera tan guapa que nadie los olvidará jamás.
Cuéntamelu otra vez, por favor…
-Bueno. Tá bien. Siéntate aquí al mi lao y escucha con
atención: Cuentan les leyendes más antigües que en la cueva de la Forciella
habitaba una bella xana. Muchos vecinos del pueblu aseguraban haberla visto al
caer la noche, cubierta de niebla y con los pies descalzos. Tan admirada era la
su belleza que hasta los lobos bajaben del monte a espiála en les noches de luna
llena . En otoño dedicábase a desvestir a los árboles, cubriendo el bosque de
pétalos de luna y alfombrándolu de hojes seques. Pasábase la noche cantando y silbando, y en el claru
del bosque de Les Becerreres sentábase a facer con les manos guirnaldes de flores,
diademes de vientu y colgantes de plumes multicolores. Con agujes feches de
espina de puercu espín y teles de araña texía pañuelos de plata que decíen que
secáben les lágrimes y quitaben les penes antes de que salieren.
Muches muyeres del pueblu prohibieren a los sus paisanos
salir de casa al anochecer, porque decíen les males lengües que los homes
perdíen la razón enlloqueciendo de amor solo con véla. Así ye que a pesar de la
su belleza vivía en soledad, porque esa yera la su maldición. Diz la leyenda
que hacía muchísimos años ella hubiere sío una bellísima princesa, admirada por
la su belleza; pero que su padre el rey la había consentío hasta el extremu de
hacéla caprichosa y foína. Trataba con despreciu a tou el personal del palacio,
y cuando se hizo mayor de edad pidiói al
padre como regalu de cumpleaños que hiciera llamar al meyor magu del país:
-Conviérteme en la muyer más hermosa del mundo –dijoi ella
al magu-. Quiero que tou el mundo se quede asombráu con la mi belleza, y que la
mi mocedá no se pierda jamás.
-Sea lo que usted desea, mi futura reina, pero si le
concedo ese don vivirá eternamente desgraciada, porque sepa su majestad que su
belleza despertará amor en todo lo que la rodea, pero hasta que no sea capaz de
amar no sabrá lo que es la felicidad.
-No me importa –contestó enfurruñada.
Los años fueren pasando, y con cada primavera empeoraba el
humor de la princesa, hasta el puntu de que no soportaba la presencia de los
homes, siempre adulando la su belleza. No había home en el mundu que no soñase
con facéla muyer suya, y eso hacíala rabiar, porque a ella no i gustaba ningún
paisano, fuese príncipe o labriegu. Aprendió a vivir feliz en la su soledad, y
empezó a salir del palacio solo cuando la oscuridad impedía a los homes véla.
Cada noche escapaba al monte, y cantábaios a los árboles, y hablábaios en
susurros, sin dáse cuenta de que la su maldición afectaba por igual a persones,
animales y coses. Pa ella eren simplemente árboles, pero los árboles del bosque
empezaron a desear cada anochecer, enamoraos, esperando les visites de la xana.
Una tarde de agosto lluviosa quiso la mala suerte que un músicu que iba de pasu
por el bosque se refugiase entre les rames de un sauce, entreteniendo la su
espera con la melodía de la gaita, y que la armonía del su cantu llamara la
atención de la xana. Al acabar el conciertu los sapos de la charca bailaben con
les ranes, y la luz de una luciérnaga sorprendió a la xana lanzándoi un besu al
artista, ilusionada. Dicen que esi gestu partiói el alma al sauce, que se
volvió locu de desamor desbordándosei la savia en largues y denses lágrimes. La
xana y el músicu marcharen cogíos de la mano, y nadie los volvió a ver por el
bosque. Al tercer amanecer esi sauce secó, muertu de pena, y el restu de
árboles del bosque lloraron por él hasta perder les hojes. Ahora a esi árbol
llamámoslu sauce llorón, y a ella “la xana descalza”. Gracies a ella existe el
otoño, porque al acabar el mes de agosto todos los árboles del bosque se
acuerdan de esti cuentu con tristeza. Cuídate de ella, nenu míu, y de les que
sean como ella, porque les muyeres que solamente quieren ser guapes por fuera
hacen infelices a otros con la su belleza. Búscate una buena moza que sea capaz
de amar a otru tantu como a sí misma, y cásate con ella, como hizo tu güelu con
tu güela. Y cuando seas capaz de entender esti cuentu estarás preparáu pa que
te hable de cómo llegó la primavera.
sábado, 8 de junio de 2013
Prólogo.
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| Fuente: Info Animal |
Abuela…
Estoy sentado en el portal, como tanto hacíamos tu y yo antaño… No sé si es mayo que se ha ido o soy yo el que no sabe
volver; pero el caso es que siento que se escapa entre mis dedos todo cuanto
era y he sido; y en la espera del recuerdo algo de mí y de ti se ha perdido. No
sé ya reconocer la primavera si no es contigo, y el arco iris tan brillante de
tus ojos, ahora dormidos, se estrella contra el olvido llenando manos y dientes
de un musgo grasiento.
Estoy desorientado sin ti; esa es la verdad... En ocasiones me despierto sudando,
con tu recuerdo siempre moliéndome
fuerte los huesos hasta dejarlos reducidos a un polvoriento cerco en la oscura
estantería. Entonces me sonríes, rodeada en tu atalaya por otros recuerdos con rumor a hojas
pasadas; siempre con la silueta del atardecer perfilándose contra tu foto. Y como cuando era pequeño, de nuevo lo consigues... haces que tu sombra me engulla llenándome de calma.
Tanto y tan a menudo te
siento que hasta las gaviotas escupen gotas de pesada lluvia agrandando un
océano que ya me ahoga, harto de bracear contra tu imperecedero silencio.
Y entonces, cuando lo creo todo ya perdido, recuerdo tu mirada, y tus consejos; y dejo de tener miedo. Me asomo a la ventana, y asisto perplejo al hipnótico cortejo de las libélulas en celo. Se abrazan en el aire, acariciándose con delicadeza en pleno vuelo. Es de tal magnitud la perfección de sus acrobacias que me quedo en silencio observándolas hasta que toda mi oscuridad se desvanece.
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